Me encanta dibujar lugares abandonados y vacíos. No tengo ni idea de la causa, pero pasé varios años haciendo dibujitos como este. (Solo conservo este.)
Estos brazos fueron un encargo para acoplarlos a unas fotografías y zamparles unas botellas de Coca Cola en las manos, que terminarían en las marquesinas portuguesas.
Pretendían ser varias historias con un eje común. Una espada que andaba por ahí alterando el curso de los acontecimientos, con una maldición y blablablabla...
En ese caso yo quería encargarme de hacer portadillas para cada una de las historias que iban a hacerse, así que os dejo la primera y única que se llegó a hacer. (El proyecto se fue al garete.)
Hace años a Javier Pilar y a mi nos rondó una historia que prometía ser divertida de hacer, pero que nunca llegó a cuajar. Llegamos a hacer varias páginas, pero el proyecto no progresó.
Algún tiempo después preparé algunos bocetos de esos mismos protagonistas, buscando darle otro rollo más bruto, más contundente, pero la cosa quedó ahí.